Precios multi-indicación: ¿útil o retórica? por Jorge Mestre Ferrándiz

Precios multi-indicación: ¿útil o retórica? por Jorge Mestre Ferrándiz

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El otro día, escuché en una presentación de una buena amiga y colega de la profesión (¡con la que no siempre estoy de acuerdo!) que el tema de “multi-indication pricing” (MIP – precio multi-indicación) estaba “de moda”, pero que realmente no era ni interesante ni útil para determinar precios de los medicamentos (parafraseando). Yo sigo pensando que el MIP es “una” solución, pero ciertamente no “la única”. ¿Pero es una solución a qué problema(s)? Desde mi punto de vista, hay cada vez más medicamentos que son utilizados para diversas indicaciones y/o subpoblaciones dentro de una misma indicación, con diferente “valor añadido” (medido de diversas medidas, pero no es el tema de este blog). Sí existen estas diferencias, y queremos un sistema donde los precios reflejen valor, los precios deberían ser, por lo tanto, diferentes por indicación – básicamente, una discriminación de precios de tercer grado donde el vendedor obtiene todo el excedente del productor. Sin embargo, en la práctica, suele existir “un” precio para cada medicamento, con una tendencia a la baja a medida que se van autorizando nuevas indicaciones, por lo que el precio “medio” se va reduciendo, independientemente del valor añadido. Los precios (bueno, mejor dicho, “el precio”), en este caso, se ajustan por impacto presupuestario, y no por valor.

El segundo problema,  es que un único precio para varias indicaciones puede dar la “señal” equivocada a la industria, y por consiguiente nos dejemos por el camino indicaciones que socialmente hubiera sido mejor desarrollar.

En el mundo ideal, tendríamos una primera indicación con el mayor “valor” posible, y por lo tanto con un precio mayor que las futuras indicaciones, que tendrían menor valor. Con esta situación, un precio medio que fuera bajando (como así observamos en la práctica) tendría racional económico porque el valor “marginal” es menor. Sin embargo, en la realidad, el orden de lanzamiento de nuevas indicaciones no suele seguir este curso, con nuevas indicaciones ofreciendo mayor y menor valor añadido que las anteriores. Por lo tanto, un precio medio ponderado (por volumen) no reflejaría estas diferencias. Una opción que podría resultar atractiva es ponderar por “valor”, y al menos el precio medio sí estaría reflejando mejor las diferencias. Otra opción que también se ha observado en la práctica es ofrecer diferentes descuentos en función de la indicación, sobre ese precio “medio”.

¿Y por qué creo que el MIP es una solución a estos problemas? En nuestro reciente artículo sobre el tema (véase aquí), identificamos nueve “objetivos” de la regulación de precios de medicamentos, analizando cuán útil podría ser el MIP para alcanzar esos objetivos. Sin haber realizado una comparación exhaustiva entre el MIP y otras alternativas, se podría argumentar que el MIP por lo no menos no lo hace “tan mal” como posiblemente otras políticas de precios relativamente arbitrarias y donde el precio no va a reflejar el “valor” necesariamente.

¿Y por qué no se utiliza el MIP más a menudo? Desde mi punto de vista, existen (al menos) dos barreras. En primer lugar, se requieren sistemas de información que permita la monitorización del paciente de manera regular, recogiendo evidencia en resultados en salud (por indicación), para así poder modular el pago en función de esos resultados. Un problema radica en que los profesionales sanitarios no tienen tiempo (literal) para introducir los datos necesarios para hacer el MIP (u otros sistemas de financiación basados en resultados) posible; de hecho, ya existen bases de datos con información necesaria y relevante, pero no suficiente, en cuanto a “resultados en salud”. Si el MIP requiere dedicarle más tiempo a la introducción de los datos en los sistemas de información, algo que es probable si no se incorpora en la rutina, esto siempre será un obstáculo (importante). La segunda barrera es más “ideológica”; es decir, aún existe mucha reticencia a considerar el MIP, porque conceptualmente no se cree ni necesario ni útil, y se percibe más como un obstáculo. Yo creo, sin embargo, que si la experiencia actual con sistemas de financiación que se podrían considerar MIP es positiva, esto podría provocar efecto rebote – ¡que no estaría mal!

Y por acabar, es importante recordar que el MIP es una herramienta útil para determinar los precios relativos de un medicamento para múltiples indicaciones (con valores diferentes). Sin embargo, el MIP por sí solo no ofrecerá la «solución» a lo que debería ser el precio absoluto – pero donde “anclar” ese precio es otra historia.

Weber agradece a Jorge Mestre Ferrándiz la autoría desinteresada de este entrada del blog de weber.

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